-Tengo calor ¿Me puedo quitar el pijama?
-Si tienes calor quítate la sabana.
-Pero entonces, ¿Con qué me protejo?
Nadie puede negar las cualidades protectoras de las sabanas, mantas y edredones que nos arropan cada noche, pero hay una prenda que no todos utilizamos para dormir. El pijama.
Entiéndase como pijama cualquier prenda que usemos exclusivamente para dormir. Yo hace tiempo que no tengo un pijama propiamente dicho, pero si tengo camisetas y pantalones de dormir, aunque no las uso salvo que sea necesario por frío o ganas.
Como tantos otros, disfruto durmiendo desnudo y de pequeño nunca entendí del todo la manía de mi abuela de la necesidad de dormir con pijama. Pero si de algo disfruto realmente es vestir de pijama.
Al contrario de lo que se pueda pensar a priori, vestir de pijama no significa estrictamente ir con el pijama por la calle.
Vestir de pijama es un ejercicio de comodidad. Esta práctica surge en mi de las frías mañanas de invierno en las que tener que abandonar el cálido lecho es la peor tortura, de modo que lo más sencillo es vestirse directamente sobre el pijama para mantener el calor que has generado durante la noche.
Ante esta practica muchos argumentarán que unas mallas térmicas son la solución. No están muy alejados, las mallas o leggins son efectivamente una muy buena solución al frío de esta época del año, pero carecen de la amplitud y falta de opresión que te brinda un pantalón ancho de pijama.
Obviamente esta práctica no se puede llevar a cabo a diario por razones obvias de higiene, pero esos días en los que la vida de estudiante te permite ser más vagabundo de lo habitual vestir de pijama se traduce en un colchón de confortabilidad que te acompaña durante todo el día, y en cierto modo, te da un plus de seguridad que solo es comparable con la seguridad que da una buena sabana.
Probad algún día. No tengáis miedo a las convenciones sociales que nos gritan que las ropas de dormir solo se usa en la cama y salid al mundo vistiendo de pijama.