16.1.12

Es el momento.

Poco a poco despierto y voy siendo mas consciente de mi alrededor.
Las paredes verdes, olor a rancio, estoy... ¿Atado?... si, estoy atado por las muñecas, pero los pies están libres. Las paredes se definen, son verdes a causa de la fina capa de moho que las cubre.
Siento una arcada.
Cuanto mas despierto mas consciente soy de la inmundicia que me rodea, restos de... algo, mucha sangre en el suelo...
Me incorporo.
Veo una puerta donde antes estaba mi espalda, y distingo lo que queda de una mano con una navaja.
Cojo la navaja y corto la cuerda de mis muñecas con ella, no es fácil.
Una vez libre de ataduras me dirijo a la puerta e intento abrirla.
Cerrada.
Voy a tener que esforzarme mas para salir de esta.
Rebusco entre las entrañas del suelo como quien busca en su mente la solución a algún problema, y veo frustradas mis esperanzas.
Me derrumbo.
Al sentarme en el suelo algo metálico hiere mi trasero.
Mi mano tienta el suelo en busca de dicho objeto, y como la repentina solución a mis problemas, encuentro la llave.
Es el momento de salir de aquí y contarle al mundo la solución a sus problemas.

28.12.11

¡MI CARTERA!

1 año, 365 días, 8760 horas, 525600 minutos, 31536000 segundos... es mucho tiempo.
Si me preguntan "¡Eh Noah!, ¿Cuanto hace desde que viste dinero en llamas en la oscuridad de la noche?" yo contestaría "¿Tres, cuatro meses?" y no, mas de un año ha pasado de aquellos versos, no se, todo va muy rápido (Pues que novedad, eso lo sabemos todos) ya, pero últimamente me afecta mas...
Bueno, os dejo con otra de mis historias con poco sentido:

"Contemplo la cartera encima de la mesa, tengo la sensación de que no pertenece a este mundo, soy consciente de que es mi cartera la que contemplo, estoy seguro de ello, pero mi subconsciente no para de decir que esa cartera no es mía. Intento averiguar la razón por la que mi subconsciente me dice tal barbaridad. Contemplo la cartera encima de la mesa. No tiene nada notorialmente raro, simplemente es una cartera, forrada de tela vaquera, con el interior de cuero marrón, que descansa sobre el tapete de piel verde de una mesa de madera lacada. "

17.11.11

29.6.11

Noches en vela...

Hace poco leí (en no mas de dos viajes en metro) el libro de "El retrato de Dorian Gray". Me gustó mucho la historia, y sobre todo descubrir que Dorian no es moreno como el cine nos ha hecho ver, sino rubio. Me resultó llamativo tal cambio en la gran pantalla, y me parece que en rubio el señor Gray es mas "él mismo"... Pero bueno, en esta entrada quería compartir mi parte preferida del libro, y tranquilos no tiene que ver mucho con la historia, así que no hay peligro de spoiler para quien no lo haya leído. Disfrutad!


"Son muy pocos aquellos de entre nosotros que no se han despertado a veces antes del alba, o después de una de esas noches sin sueños que casi nos hacen amar la muerte, o de una de esas noches de horror y de alegría monstruosa, cuando se agitan en las cámaras del cerebro fantasmas más terribles que la misma realidad, rebosantes de esa vida intensa, inseparable de todo lo grotesco, que da al arte gótico su imperecedera vitalidad, puesto que ese arte bien parece pertenecer sobre todo a los espíritus atormentados por la enfermedad del ensueño. Poco a poco, dedos exangües surgen de detrás de las cortinas y parecen temblar. Adoptando fantásticas formas oscuras, sombras silenciosas se apoderan, reptando, de los rincones de la habitación para agazaparse allí. Fuera, se oye el agitarse de pájaros entre las hojas, o los ruidos que hacen los hombres al dirigirse al trabajo, o los suspiros y sollozos del viento que desciende de las montañas y vaga alrededor de la casa silenciosa, como si temiera despertar a los que duermen, aunque está obligado a sacar a toda costa al sueño de su cueva de color morado. Uno tras otro se alzan los velos de delicada gasa negra, las cosas recuperan poco a poco forma y color y vemos cómo la aurora vuelve a dar al mundo su prístino aspecto. Los lívidos espejos recuperan su imitación de la vida. Las velas apagadas siguen estando donde las dejamos, y a su lado descansa el libro a medio abrir que nos proponíamos estudiar, o la flor preparada que hemos lucido en el baile, o la carta que no nos hemos atrevido a leer o que hemos leído demasiadas veces. Nada nos parece que haya cambiado. De las sombras irreales de la noche renace la vida real que conocíamos. Hemos de continuar allí donde nos habíamos visto interrumpidos, y en ese momento nos domina una terrible sensación, la de la necesidad de continuar, enérgicamente, el mismo ciclo agotador de costumbres estereotipadas, o quizá, a veces, el loco deseo de que nuestras pupilas se abran una mañana a un mundo remodelado durante la noche para agradarnos, un mundo en el que las cosas poseerían formas y colores recién inventados, y serían distintas, o esconderían otros secretos, un mundo en el que el pasado tendría muy poco o ningún valor, o sobreviviría, en cualquier caso, sin forma consciente de obligación o de remordimiento, dado que incluso el recuerdo de una alegría tiene su amargura, y la memoria de un placer, su dolor."