Si esto fuera un cuento supongo que empezaría diciendo algo así como: “Erase una vez…”, o “Hace mucho tiempo en un lugar lejano…” pero no, porque esto no es un cuento, esto es una historia real.
Primero me presentaré, me llamo Sara, y vivo en la ciudad de Namél, en el mundo de petanca, pero no siempre he vivido aquí, antes vivía en Barcelona, que está en lo que se suele llamar “El mundo real”, pero una noche de agosto, de esas en las que el calor húmedo típico de verano no te deja dormir, hice algo que cambió mi vida.
Junto a mi mesilla de noche tengo una silla en la que dejo la ropa por las noches, pero aquella noche, la dejé a los pies de la cama. A las doce en punto, el reloj del salón soltó sus doce campanadas con un ritmo que hacia parecer que el reloj tenia que toser las horas, y yo, seguía despierta con mi ropa a los pies de la cama, pero ya no estaba sola. A mi derecha un hombre muy extraño me vigilaba en la oscuridad sentado en la silla. Yo aun no lo sabia, pero cuando me di cuenta de que el ya estaba allí, tampoco me asusté, simplemente, le miré a sus pequeños ojillos negros aun sabiendo que eran un sueño. El hombre se movió y me tocó la cara diciendo:
-Hola Sara, has tardado mucho en darte cuenta de que estoy aquí…
-Perdón pero creía que eras un sueño -y aún lo creía.
-Bueno, no importa, solo vengo a decirte que El Uno Creador me ha mandado para ofrecerte acompañarme esta noche a su mundo, El mundo de petanca.
-¿El uno creador?
-¡No, no! Nunca le llames así en petanca, llámale El Uno Creador.
-Pero si es lo mismo….
-No, no lo es, y en petanca es delito decir mal las cosas, de todas formas, eso te lo explicaré si aceptas la invitación…
-Bueno, no creo que pase nada s te acompaño –si soy sincera, aún creía estar soñando, pero ya se sabe que en los sueños nunca se piensa que estas soñando, solo sueñas…
Al aceptar la invitación, todo se desvaneció en una luz cegadora, y nos quedamos solos el señor Cent y yo.
El señor Cent, era un monetario de estatura media y de ya avanzada edad.
Para los que aún no conozcáis el mundo de petanca, os diré que los monetarios son como personas recubiertas de dinero, y que cuanto mas viejos se hacen menos cantidad de dinero les cubre, cuando ya no les queda ni un céntimo, se mueren. Como ya he dicho el señor Cent solo tenia ciento veinte céntimos en su cuerpo, y ya no le quedaba ningún billete, era un monetario con muy buen carácter y, es el único de su especie que he conocido, que haya entendido por que los árboles de mi mundo crecen solo en la tierra y no en el asfalto como en petanca.
Es un monetario del que te puedes fiar.
Sin aviso previo el señor Cent me cogió de la mano y todo se quedo a oscuras, excepto un punto de luz anaranjada a mi derecha.
El señor Cent empezó a caminar hacia el punto de luz, y este se convirtió en una gran puerta de cobre brillante y lisa como un mar tranquilo.
- Bien , ahora te tengo que explicar unas cuantas cosas Sara.
Asentí
-En mi mundo, como ya te he dicho, es delito hablar mal, así que te tengo que enseñar las normas básicas. Primero en lugar de decir “El señor” o “La señora” decimos “La señor” y “El señora”, ¿Lo entiendes?
-Entonces usted es “La señor Cent” ¿No?
-Si, eso es. Segundo, siempre di “El Uno Creador”, nunca “el uno creador”
-De acuerdo
-Y tercero, cuando pidas algo di gracias, y cuando te lo den , por favor.
-¿Y que me harán si no lo digo bien?
-Probablemente los gallos con zancos te lleven hasta El Uno Creador, y el te dirá a que farola te tienes que ir…
-Ahhh.. –cuanto mas averiguaba del mundo de petanca mas raro me parecía, y menos cosas entendía, pero me gustaba.
Tras esa breve charla, el señor….la señor Cent abrió la gran puerta de cobre, diciendo:
-Bienvenida al mundo de petanca, Sara.
Lo que vi, fue maravilloso, y me dejó en éxtasis.
Al pie de la puerta un camino de césped serpenteaba hasta una ciudad que se veía a lo lejos, a los lados del camino, grandes campos de asfalto cubrían el resto de la vista, y en ellos gigantescos árboles con hojas de muchos colores crecían, formando algunos bosquecitos pequeños.
En el cielo se veían miles de estrellas, que no deberían de estar en el, porque era de día, aunque no había sol. También había muchas cadenas que parecían estar sujetas directamente en el cielo, y que tenían una bolita de cristal con luz dentro, como si fueran farolas, aunque en petanca las llaman cárceles.
Comenzamos a andar hacia la ciudad, conforme nos íbamos acercando me fui dando cuenta de que los únicos habitantes de este mundo eran monetarios, pero luego vi que un monetario que gritaba desesperado algo que no pude entender, era arrastrado por unas criaturas que parecían gallinas demasiado grandes con unas patas muy largas y finas, que parecían hechas de madera.
-¿Qué son aquellas gallinas?
-¡¡Shhhh!! No los llames así, son las gallos con zancos, la guardia de El Uno Creador…
-Ahh así que, ¿Ellos…perdón, ellas son las que te arrestan si cometes un delito?
-Si, así que trátalas con respeto.
Al parecer, todo en este nuevo mundo todo era al revés de como es en el mundo real, pero poco a poco, me fui acostumbrando a ello, y dos días después ya era una habitante mas.
En esos dos días, me enteré de que no solo existía la raza de los monetarios, sino que también existían los pagaderos, que para mi punto de vista eran lo contrario de los monetarios, cuando nacían, lo hacían con muy poco dinero en su cuerpo, y dependiendo de las cosas que hicieran en la vida iban consiguiendo mas, o no.
Pobres.
En ese tiemo la señor Cent me fue enseñando toda la ciudad, y todos los aspectos de su vida, me explicó cosas como el porque las cárceles estaban tan altas para nosotros, pero muy bajas en el cielo:
-Pues verás eso es porque si estuvieran al menos un milímetro mas bajas, entonces la gente podría subirse a una escalera y coger las bombillas para sus casas, pero si estuvieran un milímetro mas altas, los carceleros no podrían apagarlas por las noches.
Otra cosa curiosa del mundo de petanca, la noche. Por las noches el no-sol nunca se iba, pero sí aparecían estrellas en el cielo, que iluminaban tanto como las cárceles.
Al tercer día le pregunte a la señor Cent, si podría conocer a El Uno Creador. En cuanto se lo pregunte se puso todo lo pálido que se pueden poner las monedas de un céntimo, y miró alrededor comprobando que nadie me hubiera oído;
-Jamás insinúes que quieres conocer a El Uno Creador, El es demasiado importante como para poder ver a todo el mundo que quiere conocerle, por lo que es un delito tener deseos de verle…
-Pero si El me invitó a verle… o eso dijiste tu…
-No, yo dije que El te invitaba a conocer su mundo no a conocerle a El, eso seria un locura…
-Hum ¿Y por qué viniste a mi cuarto esa noche, y no alguna otra?
-Porque esa noche no tenias la ropa en la silla. Esa silla es el único método que tengo yo de salir de este mundo, todos los que vivimos aquí tenemos un punto de salida a tu mundo, a ellos se llega por la puerta de cobre, pero no todo el mundo conoce el suyo, pero El Uno Creador, los conoce todos y puede hacer nuevos…
-¿Y yo puedo salir?
-¡Tu no!, porque no eres de este mundo, y no tienes una salida propia…
-Yo quiero irme.
-La ley te lo prohíbe
-Pues me dan igual tus leyes, yo quiero conocer al El Uno Creador para que me dé una salida.
Es curioso, pero cuando estas en un sitio o en una situación que no es el que te corresponde no piensas en querer salir, hasta que te das cuenta de que no hay salida.
Entre tanto, aquella conversación había llegado a los oídos de una gallo con zancos que rondaba por allí, se nos acerco, y con una voz áspera que representaba lo peor de este mundo me dijo:
-Nunca deberías haber hablado así Sara, ahora sufrirás las consecuencias de tu irresponsabilidad al aceptar venir aquí.
El gallina con zancos me envolvió con sus alas y con una fuerza que yo ni imaginaba, me levantó del suelo y me llevó ante El Uno Creador.
El Uno Creador era una hombre muy viejo, de hecho a parte mi misma, o mismo, como se diría aquí en petanca, ella era el único humano que había conocido hasta el momento. Como iba diciendo El Uno Creador era una hombre viejo y su piel era de un color muy blanquecino, tanto como una pastilla de las que me tomo cuando me encuentro con mono, y muy derecho como si fuera una vara clavada en un butacón. En cuanto le vi, sentí una sensación de puro éxtasis, y unas ganas de no irme nunca de su lado, que ya antes había sentido en varias ocasiones…
Cuando la gallo con zancos se hubo ido El Uno Creador, y yo empezamos a hablar:
-Bueno Sara, veo que has llegado hasta aquí, ya me conoces, ya me tienes delante, pero ¿Que harás cuando y ya no esté, no puedas estar a mi lado y aún tengas ansiedad por tenerme cerca?
No me lo podía creer, me había leído el pensamiento.
-Tus padres están preocupados por ti Sara, llevas tres días sin ir a casa.
-¿Me darás una puerta para irme?
-No
-¿No?
-No, Sara, no, viniste porque querías conocer el mundo de petanca, y llegaste hasta mi porque querías conocerme, tu has decidido… Pero si te dejaré ver lo que hacen tus padres en este momento…
Cuando la visión de mis padres termino, todo lo que tenia alrededor desapareció en la tempestad de mi mente y me perdí en la ciudad de Namél desde donde escribo y me desvanezco.
…
LO QUE SARA VIO.
Los padres de Sara estaban de pie alrededor de la cama donde su hija yacía.
Un medico vestido con una bata azul entró por la puerta de la habitación.
Los aparatos a los que Sara estaba conectada solo emitían un débil pitido de vez en cuando, y Sara cada vez estaba mas pálida y consumida.
-Doctor, ¿Hay esperanzas?, ¿Pueden hacer algo por que no muera?
-Si le soy sincero señora, la sobredosis la ha matado, aún esta en una especie de estado vegetativo, pero por los cardiogramas creemos que no sobrevivirá a esta noche … Lo siento.
La madre de Sara se echó a llorar y el padre la abrazó , mientras tanto el medico salió de la habitación con un “Les dejo solos…”, y allí se quedaron.
Solos.
Sin su única hija pues Sara ya no estaba, se había ido, consumida por el éxtasis, o mejor dicho, por el éxtasis consumido.
9.1.10
Joven heroe

Había una vez, en un lugar cercano a ti, un joven.
No era un joven cualquiera, el tenia un sueño.
Quería ser héroe.
Un buen día, el joven encontró una especie de tubito plateado. Al principio no supo para que servia, pero con el tiempo, se dio cuenta de que ese objeto le daba poder.
Un poder magnifico.
Un poder con el que podía controlar todo: La forma y el color de las cosas que le rodeaban, la apariencia y el carácter de las personas con las que conviva, e incluso el tiempo y el lugar en el que se encontraba.
Al principio lo usó para cumplir su sueño , y se transformó en héroe , pero pronto se dio cuenta de que podía compartir su poder y hacer que todos lo tuvieran.
Aquel tubito plateado era un bolígrafo.
Había encontrado el poder de la escritura.
4.1.10
Viernes 13 Noviembre

Las nubes anaranjadas se confunden con la negra noche que intenta ocultar una luna sonriente que se ve difuminada entre la oscuridad que precede al amanecer.
Una paloma le imita.
Ahora las nubes naranjas se han vuelto de un color rojo sangriento, pronto veré el sol.
Aun hace frío, llevo una sudadera de deporte por abrigo, y tengo frío, sobre todo en las manos que escriben desnudas.
Nunca se puede parar de describir el cielo de un amanecer, ahora las nubes me muestran un color naranja muy vivo que si no me hubiese fijado mucho me habría parecido dorado.
Un señor mayor que pasea a su perro tira de la correa para que el perro no se acerque, y unos minutos después veo como una paloma persigue a uno de esos señores con prisa.
Ya se han vuelto amarillas, cada vez hay mas luz, pronto veré el sol.
Hace tiempo que su sonrisa se apagó, ya no era feliz, pero ayer la volví a ver, aunque duró muy poco.
Hoy no ha dormido, ya casi no hay nubes naranjas, las palomas andan a mi alrededor, y a lo lejos veo un grupo de ellas que picotean migas.
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